Después de la muerte de María Rosa Molas se recogen por escrito testimonios de las personas que la conocieron: Hermanas que convivieron con ella, sacerdotes, su maestro… Desde el primer momento es invocada por Hermanas y fieles y se reciben gracias por su intercesión.

Los procesos sobre la fama de santidad, las virtudes y los milagros de María Rosa Molas y Vallvé se inicia en la diócesis de Tortosa en 1834. Más tarde, en 1941 se aprueban sus escritos. Pío XII es el Sumo Pontífice que promulga el Decreto sobre la introducción de la Causa en 1951. En 1963 se publica la “Positio super virtutibus” sobre la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios. Tras su discusión, el 4 de octubre de 1974, Pablo VI promulga oficialmente a María Rosa Molas como VENERABLE. Este mismo pontífice en 1977 aprueba el Decreto que reconoce los dos milagros atribuidos a la intercesión de María Rosa Molas: las curaciones milagrosas de Dña. Elvira Ruiz y Madre Sagrario López.

El 8 de mayo de 1977 es proclamada BEATA por Pablo VI en la Basílica de San Pedro y se fija su fiesta litúrgica el día 11 de junio.

El 11 de diciembre de 1988, en la Basílica de San Pedro, es proclamada SANTA por el Papa Juan Pablo II.


El milagro del dedo de Dios

El milagro de la Canonización tiene lugar en tierras venezolanas, en Caicara del Orinoco, donde las Hermanas de la Consolación atendían un Centro Asistencial Indígena para los indios panares. La Sagrada Congregación que lo reconoce lo llama “un milagro evangélico” porque tiene el sabor de las narraciones evangélicas:

“Salió un hombre a pescar, un pobre entre los más pobres de Caicara del Orinoco…. Y se llevó consigo lo mejor que tenía: su hijo de cinco años, William. Y pasó el día pescando en la laguna”. La pesca fue abundante, entre los peces también había pirañas voraces. En un descuido del padre, William coge una piraña por la cola con la mano izquierda y le da un golpe con la derecha como hace su padre para matarla pero no tiene fuerza y el pez se revuelve y le arranca de cuajo el dedo meñique de la mano izquierda. A toda prisa su padre le envuelve el dedo en un trozo de su camisa y regresa al rancho. En casa su padre abre el buche de los peces hasta encontrar el dedito, a su mujer le parece inútil y lo tira sobre unas tablas en la cocina. En el Centro de Salud no lo pueden atender en seguida porque el Dr. Gómez atiende a otro paciente. Cuando por fin llega el doctor no se le ocurre otra cosa que pedirles el dedito amputado. Una vecina que les acompaña vuelve a la casa a buscarlo y lo encuentra lleno de hormigas, después de limpiarlo regresa al Centro de Salud y el D. Gómez, encomendándose a María Rosa Molas, realiza el injerto con los escasos medios de que dispone. Luego le dice a su madre que rece a María Rosa para que su hijo se cure. Su madre así lo hace y con los días William va recuperando la movilidad y sensibilidad en su dedo. Otros médicos estudian el caso y coinciden en que es inexplicable el éxito de este injerto que requería de microcirugía. Después de ser estudiado en Roma el caso por la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos los teólogos y médicos confirman que “el dedo de Dios” está ahí por intercesión de María Rosa Molas.




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